La
comunión binaria bautiza al hombre en una nueva relación
con sus semejantes. El hipertexto vuelve a comunicarnos, ya no para
desafiar a Dios como en la antigua Babel sino a nuestra propia capacidad
de comunicarnos frente a frente. La tertulia mediante 0 y 1 por
medio de la trama situacionista de internet, degenero en el aislamiento
y la desidia por los encuentros físicos (Crisis táctil).
Esta comunicación cástica pixela las relaciones físicas
mediante una web cam, que visualiza la sombra de un ser humano acabado.
Una red virtual en la que nuestros datos personales desaparecen
(todo es ficticio: los nombres, las fotos, nuestros gustos, nuestras
aficiones). Creando una memoria paralela que se nos antoja como
real, quizás crackeándonos a nosotros mismos. El contacto
físico es nulo. El hogar se convierte en una trinchera frente
al mundo. La máquina nos proporciona todo lo necesario alquilados
en una hipotética torre de babel.
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.
Un núcleo móvil. El
espacio sintetizado en una esfera de luz. Convertir el tiempo en
una masa maleable. Un pulmón metafórico que inhala
y exhala temporalidad. Permitir al visitante controlar esta respiración
con el movimiento de su mano.
Hacer posible que una mano hecha de píxeles
pueda acariciar el rostro proyectado en la otra pantalla, con la
velocidad y dirección que el usuario decida. Y que otro usuario
puede resolver apartar el rostro ante la caricia inminente. O corresponderle.
Estar tocándolo mañana. Adelantarse
al salto de las piernas cuando aún éstas permanecen
inmóviles. Retroceder un minuto en un segundo. Hacer desparecer
el sonido con la aceleración máxima del tiempo. Detenerse:
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